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La Salsa, Rubén Blades y mi niñez Por: Iván Rodero Cuando era mas joven de lo que soy ahora y mi voz de niño retumbaba por mi esencia la banda sonora oficial de mi casa tenia un aire tropical, más que todo un ambiente de salsa y guaguancó, era quizás tan penetrante este sonido en mi hogar que se podía cortar con las manos. Mi padre un español en antaño hippie melenudo criado en el apogeo del Franquismo, llego al caribe agarrado de la mano de mi madre, quien tras mucho tiempo en Europa, extrañaba su tierra, sus olores y por supuesto su familia. No fue difícil para el, quedar atrapado por la exuberancia del trópico y su sabor y decidieron establecerse definitivamente aquí, olvidando los inviernos y la tristeza que trae consigo un mundo antiguo. Era inevitable, la salsa entro en mi casa primero porque a mi madre le gustaba, luego mi padre se enamoro del ritmo, de los tambores, los metales, de esa soltura que salía de una descarga o un virao, las melodías que identificaban a un Lavoe, a un Barreto, a un Harllow, a un Palmieri y a un Pacheco comenzaron a ser comunes en mi casa, sobretodo los fines de semana cuando mi padre, experto cocinero invitaba amigos y conocidos a comer, charlar y escuchar música. Gran parte de los recuerdos de mi infancia son en ese ambiente, grandes reuniones de amigos, escuchando uno tras de otro cassette de salsa, donde aparecían historias como aquella de ese niño, que no oía, veía o hablaba pero que hizo llorar de la emoción a su padre al ponerse a tocar el tambor, o donde también sonaban parrandas al ritmo del quítate tu pa' ponerme yo. Yo en ese entonces aun no comprendía la música, es mas en general casi ni me interesaba, para mi era de lo mas irrelevante el significado de frases como “…échale semilla a la maraca pa' que suene…” y no me interesaba en lo mas mínimo saber que era el guapear, es mas a mi casi todo lo que sonaba en la casa me parecía lo igual, realmente en esa época solo lograba identificar correctamente una canción, era una trova cubana y se llamaba (o se llama) el carretero, me encantaba es mas aun me gusta mucho aunque ya no con la misma intensidad de aquel entonces; esa en particular que casi no se oía en casa, así que pocas veces tenia la oportunidad de hacer parte del ambiente y las reuniones… además era un niño y eso era cosa de mayores. Con el tiempo la cosa para mi fue cambiando, a medida que comprendía y crecía cada vez más fui asimilando mejor el significado de la música y cada vez mas prosperaba en mi una pasión por ella, en ese entonces fue la Salsa lo que luego degeneraría en una melomanía irreversible que sigue en mis venas de una manera fuerte y punzante. Entre esas cosas curiosas de ese proceso me acuerdo bien de una época en la que realmente me afiebre por una canción de Willie Colón que se llamaba El Gran Varón, esta narraba la historia de una intolerancia por parte de un padre hacia la homosexualidad de su hijo, el cual al final muere solo y olvidado en la cama de un hospital de una “extraña enfermedad”… la canción me encantaba y me encanta, tiene una química perfecta entre sonoridad, secuencia, ritmo y letra que hace para mi no creer que es una gran obra, además de tratar de manera muy cruda una realidad que se produce aun en día, en fin… uno de esos días en los cuales la tenia puesta, de esas veces que por pura necesidad uno hace que suene una y otra vez intentando saciar el deseo de esa melodía, cuando siento que estrepitosamente mi padre entra en la sala donde me encontraba y de un golpe apago el equipo, tomo el disco con gran avidez y con un tono dominante y sin dar mayor explicación me dijo que tenia terminantemente prohibido volver a escuchar esa canción… Aun cuando recuerdo esa historia no puedo evitar reírme, pues mi padre aunque jamás me lo confeso tenia el gran temor a que yo fuera homosexual, y pensó que al escuchar esa canción me haría aun mas o peor aun… que tomara ideas (el hijo en la canción se cambia el sexo), no me imagino cuanto debió sufrir el pobre ante la duda de si su hijo era gay, que por cierto y si se lo preguntaban… no lo soy. El ambiente salsero se vivía sobretodo en las pascuas y en las noches viejas que se celebraban en casa, como toda celebración que se hacia en ella en aquel entonces eran grandes reuniones de amigos alrededor de la comida de mi padre, en las cuales la rutina de esperar casi hasta las dos de la mañana para que la comida estuviera hecha era casi tradición, toca aclarar que lo que se esperaba era la comida principal, pues durante toda la velada uno estaba comiendo y picando de todo desde tahine con pan y tortilla de patatas, hasta maní recién frito. Como siempre, la banda sonora de estas reuniones era un compendio de ritmos caribeños, afrocubanos y similares, que al mezclarse con las risas y las historias de los mayores crearon una huella característica de esa época en mi mente. A medida que los años pasaban, esas reuniones de fin de año en casa concentraban sobretodo a dos familias: La Serrano, familia de españoles aun mas adicta al trópico y a la salsa que la mía y los Rodero, fue cuando entonces la cosa y ese ambiente de salsa y charanga realmente tomo forma para mi, pues la salsa rodaba por todos los rincones de la casa a todo volumen, con preguntas entre unos y otros sobre en que año salio el disco de la canción que estaba sonando, quien la produjo etc. etc. Surgían constantemente debates sobre orquestas, cantantes y músicos e interminables charlas y anécdotas sobre el mundo de la salsa, creando yo de esta manera una extraña percepción sobre este genero, que aun perdura y que posiblemente me acompañara eternamente. Esta imagen, la que quiero dar a entender es que la salsa se vivió de una manera muy especial y visceral en mi casa, visceral y técnica, casi experta, es posible que si en este mundo hubiera una profesión enteramente dedicada a escuchar salsa, posiblemente seria muy parecida a la manera que en mi hogar se hacia. En esta retumbaba ese mismo ritmo, no es que solo existiera ese genero en casa, allí se escuchaba de todo pero la salsa tuvo un lugar especial; ahora para mi y viendo hacia atrás, incluso escuchando las canciones por casualidad en alguna radio, mi mente velozmente se transporta a la infancia, esa infancia de familias europeas amantes del trópico que amaban sus ritmos posiblemente mas que los que nacieron en la propia Latinoamérica. En esas teorizadas reuniones de fin de año siempre había una canción que sonaba impertérritamente, una canción que de alguna o otra manera se había transformado en un himno a este vinculo especial entre amigos, familia y música; esta canción era Pedro Navaja, en el momento que comenzaba a sonar todos los presentes o escuchábamos atentamente la letra o la cantábamos a coro, haciendo comentarios o corrigiéndonos unos a los otros sobre donde decía tal y tal cosa (a esto se llego al punto incluso de contabilizar exactamente en que momento comienza la descarga). Como entenderán era difícil no saberse la letra de esa canción ante esta situación tan recurrente, con ella se creo un vinculo especial era miembro característico del hogar; ya ni siquiera era implícita la historia de la canción si no un sentimiento que brotaba al escucharla, es como escuchar aun amigo contar la misma historia una y otra vez y cada vez es tan agradable escucharla como la primera pues de tantas veces ya es de uno. Con Pedro navaja fue quizás la primera vez que identifique a Rubén Blades, es mas la primera vez que identifique concretamente a alguien en el mundo de la música y lo digo recordando que en mi niñez yo era un jovencito bastante despistado ante el mundo musical y claro esta, sus autores. Poco a poco canciones de Blades fueron apareciendo y brotando entre esa maraña de salsa que rondaba en mi casa, al principio no con seguridad identificaba el estilo, pero poco a poco y con el paso de los años su característico son fue haciéndose para mi cada vez mas evidente, sobretodo eran sus letras, sus historias urbanas, sus cuentos con música que pintaban las calles de alguna ciudad latina con sus cosas buenas y malas. En un principio para mi la discografía de Blades se limitaba a tres canciones, Pedro Navaja, Plástico y Decisiones … esto mas que todo era por ser tres de sus canciones mas populares y por lo tanto las que mas suenan en la radio, luego con las reuniones en mi casa aparecieron otras como Buscando Guayaba, Plantación Adentro y Maria Lionza. Fue de esta manera como el primer LP que conocí de Rubén Blades se construyo para mi, sin ni siquiera saber que cuatro de las canciones que mas me gustaban pertenecían a un solo trabajo ( Pedro Navaja, Plástico, Buscando Guayaba y Maria Lionza son las cuatro primeras canciones del Disco Siembra de Willie Colon y Rubén Blades), no fue si no hasta varios años después y re visitando esa música de mi niñez y para mi sorpresa lo descubrí. Durante ese largo proceso y mi integración con la música recuerdo que lo que realmente hizo que Blades fuera para mi un autor completo fue el poder escuchar completamente y por primera vez un disco suyo en su totalidad, un disco anónimo de e estos que pocos conocen pero que al hallarlo crea una gran conmoción, una transformación de lo conocido y lo que esta por aparecer. Todo fue gracias a uno de esos viejos cassettes que tenia guardado mi padre, este no tenia ya ni los nombres escritos, llegue a el por pura casualidad, por pura curiosidad y por cosas del destino me dio por ver de que era… comenzaba con el ruido de un mar chocando en olas en la playa, luego con un cambio de dial y así la canción del tiburón comenzaba y detrás de esta el resto de canciones del solar de los aburridos, historias como la de Madame Kalalú o la del Camaleón hicieron que lo devorara entero, nadie de mi edad sabia que era eso, mi padre ya ni se acordaba de ese disco, se había perdido en la memoria pero a mi canciones como Ligia Helena y el disco en general crearon un interés especial, de cierta manera y gracias a ese disco mi interés hacia la música y a Rubén Blades nació. Estos fueron mis rudimentarios comienzos como apasionado de la música, fue cuando comprendí que una canción no solo habla de amor o que quiero hacerlo contigo, fue cuando descubrí que se puede decir algo más, algo totalmente distinto, poder abrir un mundo de ideas, personajes, historias, criticas y denuncias mas allá de la realidad propia. Lo acepte, la música de Blades me había enseñado algo que me ha acompañado desde ese entonces, por eso sus canciones se han trasformado en un gran amuleto en mi alma, han ayudado a moldear esa intrincada estructura de esquema que es para mi la vida y la sociedad. Con el tiempo y los años pasando los amigos en las fiestas de mis padres fueron poco a poco migrando y alejándose de nuestras vidas, poco a poco el movimiento y el sonido de la salsa se fue apagando en mi hogar, en parte por la lejanía de aquellos que la compartieron, en parte por que mis padres comenzaron nuevos proyectos que quitaban mucho tiempo, en parte porque los hijos seguimos nuestra búsqueda por otros ritmos: poco a poco todo se transformo en un recuerdo, algo que fue… Pero al menos en mi corazón un sentimiento aparece al recordar esa época, mi niñez rodeada de ese ambiente… y a pesar de ya no vivir esos momentos a veces al escuchar algo de esa salsa, de Blades o de guaguancó, una calidez aparece, un pasaje a esa época, en la que amigos de mis padres se reunían en la cocina a escuchar cassette tras cassette de salsa mientras mi padre hacia la comida y mientras tanto los mas jóvenes hijos de los amigos de cuando en cuando entrábamos y picábamos un poco de pan con tahine o un poco de maní recién frito. |